lunes, 22 de agosto de 2011

Nadie hablaba de peronismo - Por Julia Mengolini

Una joyita que salió publicada hace unos meses en Miradas al Sur y había guardado con el ánimo de publicar. Lo de pesca con mosca, puede interesarme...


Nadie hablaba de peronismo. Se hablaba de pesca con mosca y en el colegio, Perón había sido apenas un presidente algo autoritario. En la facultad, los grandes profesores de constitucional no daban cuenta de la Constitución del ’49 porque tampoco se hablaba de peronismo. Nuestro espíritu de combate nos llevó a militar en una agrupación independiente, de esas surgidas al calor del “que se vayan todos”, donde nadie hablaba de peronismo. Sí hablábamos de las injusticias, de la desigualdad, de la importancia del Derecho y de la política como herramientas de transformación. Pero nadie hablaba de peronismo.

Por lo bajo, algunos contaban las historias setentistas de sus viejos desaparecidos, otros que habían estado exiliados, resulta que todos eran peronistas, algunos ya lo sabían, otros sentíamos esa incomodidad adolescente de sospechar una identidad y no conocerla, eso de “no sé lo que quiero pero lo quiero ya”. Pero nadie hablaba de peronismo.

Hubo un tiempo en que los contestatarios nos encontrábamos molestos, desorientados, nos costaba asumir que había un gobierno que podía no molestarnos tanto, hasta agradar un poco, finalmente, apasionar. Ser oficialista para alguien que se considera a sí mismo contestatario es bastante traumático, sepan entender. Este nuevo gobierno al que nadie había votado porque nadie sabía ni dónde quedaba Santa Cruz, hizo realidad sueños que teníamos en el llano y era un gobierno peronista.

Así se reincorporó el peronismo al vocabulario juvenil, algo que formaba parte de una leyenda subterránea, de un museo de lo que este país había sido pero que carecía de legitimidad. Se podía ser joven, seguir siendo rebelde y ser peronista sin tener que dar cuenta del menemismo ni de la Triple A. Era cuestión de que alguien se pusiera a hablar de peronismo y se pusiera a hacer peronismo. Entonces pudimos saberlo: éramos peronistas. Los advenedizos tenemos mucho mérito. Hemos estado perdidos, asustados, buscando.

Era cuestión de estudiar la historia argentina con criterio político y con el deseo en juego todo el tiempo para llegar a la simple conclusión: somos peronistas. Y podemos decirlo y serlo tanto como aquellos a los que años antes combatimos, y se llaman a sí mismos peronistas. Pero hemos pasado por situaciones vergonzosas como cantar a viva voz la estrofa equivocada y que nos miren mal los peronistas de cuna. Los peronistas de cuna se ríen de nuestro asombro constante, se burlan de cómo devoramos libros prestados y nos emocionamos con la correspondencia Perón-Cooke. La ventaja que tenemos los advenedizos es que siempre seremos jóvenes peronistas.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Ejercicio contrafáctico

Vos sos parte de la mitad más grande del país.

Vos sos parte de este gobierno.

Vos sos el que se quedó en las malas, cuando perdimos a Néstor y la gente en la calle, mezcla de indignación y tristeza te pedía que hicieras lo contrario.

Vos sos parte de muchas de las decisiones que nos permiten este presente de crecimiento con equidad.

Vos sos en definitiva y seguramente, el verdadero adalid de esta victoria del campo nacional y popular.

Vos sos el verdadero ganador de las elecciones primarias, en silencio, sin pedir nada a cambio. No dejes que te lo quiten.

Porque este ciclo iniciado en 2003 era muy bueno cuando te eligieron para tomar parte del proceso. Y sabemos que Néstor y Cristina te eligieron porque confiaron con acierto, en que vos permitirías mejorar lo bueno hecho y corregir lo que hiciera falta. Y vaya que lo hiciste!!!

Sólo unos meses de gestión bastaron para demostrar quién tomaría las decisiones más importantes para la grandeza de la Patria.

Hoy como peronista, quiero reivindicarte a vos, radical, heredero de Yrigoyen y de las banderas del federalismo que dieron origen a tu partido.

Porque fue una actitud bien valiente de tu parte la que salvar permitió al país del infierno en algún momento en que la Presidenta y su esposo, habían perdido el Norte al querer meterse con los ingresos de los gestores de la verdadera raigambre nacional.

Aquel voto “no positivo” hizo bajar a la tierra a Cristina. Gracias a vos, la Presidenta entendió que le correspondía trabajar como nunca y así realizó el mejor gobierno que hayamos tenido en mucho tiempo.

Lo hizo con todos los medios en contra. También con el Parlamento en contra. Y con la patria sojera (léase la oligarquía terrateniente) en contra. Sólo contó con su voluntad y capacidad de gestión, y te tuvo como el más fiel ladero.

Fue aquel impulso de aquella madrugada el que motivó que surgieran medidas como la reestatización de los fondos de jubilación, el matrimonio igualitario, la inmejorable Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de la DEMOCRACIA, la Asignación Universal por Hijo, con su impacto en el aumento de la matrícula de inscripción de alumnos en escuelas primarias y tantas otras que hasta parece injusto contigo no enunciarlas completas.

Y este año, cuando la soledad se adueñó de la presidenta, signada por su viudez, te llamaste al más absoluto silencio, y con tu ejemplo de abnegación y trabajo, le marcaste el camino de lo que el soberano pedía para sus gobernantes.

Alguien me enseñó que en la vida, hay que saber ser agradecido. ¿Qué hubiera sido del gobierno de Cristina Fernández, sin aquel, tu voto “no positivo”? Sin dudas, de ninguna forma podría haber sido mejor de lo que fue. Y quiero insistir con esto, sos el artífice impulsor del que se encamina a ser el mejor gobierno de la historia.

La mitad más grande del país, la tuya, y la mía también, no puede haberse equivocado.

¡¡¡Gracias Cobos!!!

lunes, 20 de junio de 2011

Salve Argentina, Bandera AZUL y BLANCA

El nombre de este blog no es antojadizo ni arbitrario. Y tampoco es arbitraria la fecha de esta publicación, en coincidencia con la conmemoración del día de la bandera en homenaje a quien reconocemos como su fundador, el patriota don Manuel Belgrano.
Buscando un nombre representativo del Pensamiento Nacional, surgió espontáneamente el homenaje a la bandera argentina original, como fue durante los años de la gloriosa gesta de formación de la patria.
Es por lo tanto, una reivindicación del pabellón azul y blanco, por el cual bregaré permanentemente.

Nos referimos a la bandera que flameó en Rosario y Buenos Aires desde 1812 (si no antes) y luego en Salta y el Alto Perú (donde se conservó una copia con sus colores originarios) con Belgrano; en Salta con Guemes; en San Lorenzo y Chile con San Martín; en Guayaquil, Baja California y toda Centroamérica con Brown, Bouchard y Aury; en la Confederación Argentina durante la lucha independentista y la posterior organización nacional; en las Islas Malvinas desde la toma de posesión por nuestro país el 6/11/1820 por parte de David Jewett; en Ituzaingo durante la guerra con Brasil; en la Vuelta de Obligado; y tantas otras veces más, y sigue viva en el corazón de mucha gente de bien que siente con fuerza el ser nacional.

Azul es la bandera de Artigas, y también la definitiva del Uruguay, una de las más bellas de la tierra, que tiene los mismos colores que debe tener la nuestra, porque no era ni más ni menos que la tierra hermana de la nuestra. ¿De que Bandera se habrán querido diferenciar Artigas y Urquiza al cruzar sus Pabellones con una diagonal roja? ¿De dónde creen que toma sus colores la bandera del país hermano de la otra orilla del río color de león?

Y era azul también la bandera que Manuel José Arce, héroe de la independencia centroamericana vio como emblema de la libertad y eligió para las repúblicas de Centroamérica que heredaron sus colores de la nuestra.


Azul un Ala, es la bandera de la patria mía.

La primera referencia que tuve acerca del color de la bandera nacional, no la voy a olvidar, porque no me fue enseñada durante mis años de instrucción oficial. Recuerdo que estando de vacaciones compré un librito pequeño llamado "breve historia de la problemática argentina" que es la compilación de unas charlas de Perón en el exilio. Si hay algo que no se le puede negar al Viejo, es su conocimiento de la Historia Argentina, en especial la militar, pues fue profesor de la Escuela Superior de Guerra. En ese librito describe que Juan Lavalle adapta la bandera al color celeste cuando inicia la campaña contra Rosas en 1840 o 41, ayudado por las tropas francesas.
Es decir, que nuestro héroe de la Independencia, devenido en la “Espada sin Cabeza” manchó la que ahora se utiliza como bandera oficial, con un acto de traición a la patria. Esa fue en verdad, la primera vez que se usa tal bandera.

...“Ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabellón nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebelión y la anarquía celeste y blanco para que fuese más ominosa su invasión en alianza con el enemigo” (Coronel salteño Miguel Otero en carta Rufino Guido, hermano de Tomas Guido, el 22 de octubre de 1872. Memorias. ed. 1946, pág. 165).

Antes y después, e inclusive en Caseros, ambas banderas son azules y blancas. La de Rosas y la de Urquiza.


Repasemos la historia

No viene mal recordar, pues hay muchísima literatura al respecto, que la heráldica reconoce sólo 7 colores, que son precisamente los del arco iris. Que tenía fuerte arraigo en la España que nos legó la cultura. Nuestros colores fueron siempre el azur y plata (azul y blanco).


Manuel Belgrano, en su declaración al Triunvirato, llama celeste al color de la bandera en referencia al cielo. La palabra celeste era por entonces sinónimo de azul. Y dice claramente en su misiva, que el color que le dio a la bandera, es similar al que se usaba hasta entonces.

27/02/1812: “… los colores de nuestros enemigos, son los que hemos usado hasta ahora, y me atrevo a decirle Excelentísimo Señor: ¡Abajo esas señales que para nada nos han servido y pareciera que hasta ahora no hemos roto las cadenas de la esclavitud!”.

28/02/1812: “Juremos vencer a los enemigos de la Patria, para que la América del Sud, sea un Templo de Unión y Libertad y Juremos la Bandera Argentina que nos reconocerá en el mundo, con los colores que usan varios Regimientos de Buenos Aires.”

Terminada la Ceremonia, volvió a escribirle al Triunvirato comunicándole: “Siendo preciso enarbolar Bandera y no teniéndola, la he mandado a hacer con los colores de varios Regimientos, espero que sea de su aprobación.”


En aquella época, era habitual que los ejércitos vistieran del color de sus banderas. Rojos eran los españoles, y azules, los argentinos. Los Patricios y los Granaderos, tomaron sus colores de los que ya distinguían a los antiguos criollos. ¿Alguna vez el uniforme del Regimiento de Infantería 1 Patricios fue celeste? No que alguien pueda recordar.
De hecho NINGUN uniforme de ninguna fuerza nacional es de color celeste, del tono que hoy lo conocemos o toma la bandera. Cosa por demás, extraña.

La primera referencia real a nuestra bandera, está dada por el agente británico en la corte de Brasil, Juan Rademaker, quien el 26 de mayo de 1812 da cuenta en una carta a Lord Strangford de haber estado el día anterior presenciando la obra de teatro que conmemoraba el segundo aniversario de la constitución del primer gobierno patrio, indicándole que dicha obra finalizaba con el protagonista agitando desde el escenario la bandera nacional azul y blanca.

“… con motivo de celebrarse el 2do. Aniversario de la Revolución de Mayo, en la función teatral de homenaje, se presentó al público la nueva Bandera Nacional que es de color AZUL y blanco”.


Y luego de los primeros triunfos de la flota comandada por Guillermo Brown (octubre de 1814) el uniforme nacional de la Marina, queda definido como casaca y pantalón azul y chaleco blanco.
Pregunta: ¿la bandera podía ser entonces celeste y los uniformes azules? ¿había tela para hacer unas de un color y otros del otro o debemos aceptar realmente que todos tenían el mismo color y este no era el celeste tal como lo conocemos actualmente sino el azul oscuro de nuestros primeros pabellones?.


De la misma manera se argumenta acerca de las instrucciones que Anastasio Echevarría, armador de La Argentina le entrega a Bouchard con su patente de corso. “En caso de trabar combate enarbolará la bandera celeste y blanca”.
Ahora bien, el color de la bandera de Bouchard era AZUL.
O el francés era daltónico, o era un jodido reaccionario, o justo en los meses en que esperaba en puerto para zarpar no había tela del color que hoy se conoce como celeste en toda la plaza para hacer las banderas, o aceptamos que las denominaciones azul y celeste eran por entonces sinónimos y la bandera fue siempre (o bien originalmente) azul y blanca.


Adicionalmente, cuando el comandante Aury está en Buenos Aires en 1818, previo a la partida hacia el Caribe, recibe la revista a sus tropas y buques de parte del Director Supremo JM Pueyrredón, ocasión en la que se enarbola el pabellón de color azul y blanco. Como se indicó arriba, Aury es el portador de la patente de corso que enarboló la bandera argentina en las costas del caribe, inspirando a los patriotas centroamericanos en su lucha por la libertad y a Manuel José Arce para la creación de la bandera.
Una buena referencia a estas campañas se encuentra en el libro “Corsarios Argentinos”, escrito por el presidente de la Academia Nacional de la Historia, Miguel Angel De Marco. Allí se da cuenta de que las banderas de Nicaragua, Honduras y El Salvador, son azules y blancas por tomar de ejemplo las de varios corsarios de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Pero como De Marco es mitrista, (y tiene a su hija escribiendo en la tribuna de doctrina) como también lo es la academia de marras, se cuida de nombrar a la bandera siempre con el color unitario, pero no puede tapar el sol con la mano, y hace una referencia velada sólo en la literatura referencial, a un muy buen libro: el de “La bandera argentina inspiradora de los pabellones centroamericanos”, escrito por el embajador Carlos A. Ferro. En este libro abundan referencias al color azul y blanco original de nuestra bandera.

No resulta lógico que todas estas banderas originadas en el pabellón argentino sean todas de color azul intenso, y la que se utiliza actualmente de color celeste desteñido. A usted, argentino ¿no lo avergüenza ver en balcones y peor aún en edificios oficiales, banderas descoloridas, en dos tonos de grises? Eso no honra la historia nacional.


Bartolo, el tergiversador de la historia

Como la historia se conecta permanentemente, podemos realizar analogías con los hechos del presente, o del pasado reciente.

En aquellos tiempos, la Argentina pionera en las luchas independentistas, acompañaba y propiciaba la gesta emancipadora de nuestros países hermanos.
Podrá observarse que no es simple coincidencia la similitud con el viaje de Néstor Kirchner a Honduras para defender la democracia de aquel país hermano.

En cambio, el precursor del cambio del color de la bandera, don Bartolomé Mitre, el hombre que falseó nuestra historia, el que cultivó la cultura del desprecio por lo latinoamericano y siempre miró hacia Europa, cuando le tocó defender a una nación hermana acompañando al resto de Latinoamérica (invasión de Francia a México en 1862) fue el único país que le dio la espalda al resto del continente. Es obvio que también despreciara la historia de nuestra bandera nacional como inspiradora de los pabellones de los países centroamericanos, y propusiera el cambio de sus bellos colores originales por aquellos de su agrado.

Es también Bartolomé Mitre quien en su “Historia de Belgrano”, afirma: El Ejército de Belgrano formó un cuadro, presentándose el Cnel. Díaz Vélez, trayendo al son de la música y con escolta, la Bandera AZUL y blanca, la misma que había debido arriar por orden del Triunvirato, decidiendo guardarla hasta el día de la Gran Victoria, que habiendo llegado, decidió presentarla y hacer jurar a su tropa y aprovechó la oportunidad para Jurar Fidelidad a la Patria.

Pero ya en el año 1878, después de la Guerra del Paraguay, Buenos Aires finalmente impuso en la práctica la "versión unitaria" de la bandera en todas las instituciones oficiales. Lo hizo a través de la imposición del falseador de nuestra historia, el tipo que nos la vendió cambiada para los siguientes 130 años (Mitre, quién sino) tipo nocivo para el país, para Sudamérica y sólo útil a los intereses del entonces imperio del Brasil y especialmente de la Gran Bretaña que desde entonces nos colonizara económicamente por casi cien años.

Fue cuando a raíz del patrocinio del color celeste por el entonces recientemente designado presidente, Domingo F. Sarmiento (que venía de varios años de exilio, es decir, poco había visto en su país) que decía que “el negro de su color (en referencia al azul oscuro) fue un invento de los bárbaros”.
Mitre publicó su “veredicto sobre los colores” en el que indicó que la bandera nacional era celeste (el color de la causa unitaria que abrazó y por la que gobernó a sangre y fuego el país durante los seis años anteriores, convirtiéndose en el mayor genocida de nuestra historia) en lugar del azul utilizado durante más de 65 años hasta entonces. Por supuesto, lo hizo a través del órgano de la antipatria, su tribuna de doctrina, y fue rápida y sólidamente refutado por Mariano Pelliza en primer lugar.
Bartolo se basó entre otros argumentos en un óleo de San Martín hecho en 1828, como si el color adoptado por un artista fuera argumento suficiente. Sin dudas, era mucho más fuerte el argumento de que en su contra, constituían las Memorias del General Espejo, compañero de San Martín, publicadas en aquel 1878, quien recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada desteñida en Mendoza. Pero Mitre, que siempre interpretó las cosas como le convino, lo atribuyó a una “disminuida memoria del veterano”. Huelga decir que además, lo tachó de la historia al General, como a todos aquellos que se opusieron a su entreguismo.

Hasta acá tendríamos, incluso sin atender a los hechos fácticos, a la historia novelada de Mitre por un lado, pues eso constituye su primera obra publicada, contra otros dos protagonistas de la historia, uno presente en las luchas por la independencia sudamericana, testigo de primera mano. Pero qué le hacía una mancha más al tigre. El tipo que falseó gran parte de nuestra historia nacional, no podía perderse la oportunidad de hacerlo también con nuestra bandera. La duda es si lo hacía convencido, o instigado.

Sin embargo, como veremos sus daños siguieron y siguen lacerando al acervo cultural de la nación. En su mentira abrevó el General Farrell y finalmente su decreto de 1944 que fijó el color celeste para nuestra bandera. Que duró 40 largos años sin ser revisado, al menos, hasta 1985, cuando el Diputado Lorenzo Pepe presentó un proyecto de ley para retomar el color azul de la enseña nacional. Este proyecto, derivó en el anteproyecto de ley sancionado por la Cámara de Diputados en noviembre de 2001 pocos días antes del incendio de aquel fin de año, que durmió desde entonces, cajoneado en el Senado.


La Historia Reciente
Meses atrás se firmó un nuevo decreto que fija el color de la bandera, que se sobrepone y opone, al proyecto de ley del año 2001, realizado por el Parlamento Nacional con la iniciativa del Diputado Lorenzo Pepe. Entre los que asesoraron a la Presidenta para la firma, se encuentra el personal del Instituto Belgraniano, que mantiene viva la obra del ilustre prócer nacional.
Pero resulta una lástima tener que creer, que en muchos aspectos pareciera tratarse más del instituto de la “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina” novelado por Bartolo (otra vez sopa) que de la obra del prócer mismo. Llama la atención por ejemplo, que en la historia nacional, no se registren comentarios contrarios del hijo de Manuel, don Pedro Pablo Rosas y Belgrano, al color de la bandera nacional, siempre azul y blanca.


Y extraña finalmente, que la presidenta firmara ese decreto, por ser una persona instruida, interesada y conocedora de la historia. Tal vez confiara valientemente en los notables reunidos para asesorar al respecto, o no tuviera conocimiento de los considerandos tenidos en cuenta por el General Farrell en su decreto de 1944, donde se muestran las menciones al sustantivo “celeste” omitiéndose toda la historia del pabellón nacional, a los efectos de cambiar el color histórico del mismo (mucha de la cual se publica aquí y en otros trabajos citados).

Lo más extraño resultó el momento en el cual se firmó el decreto presidencial. Fue durante los días en que se proclamó un verdadero acto de soberanía económica, como ser el anuncio de la cancelación de la deuda con el Club de París y cuatro días antes de sorprender a propios y extraños con otro verdadero acto de soberanía, al reivindicar la gesta heroica de Obligado, en donde la bandera que flameaba en nuestras costas no era la de su decreto, sino azul y blanca, inmortalizada por la arenga del General Lucio Norberto Mansilla a las tropas de la defensa:
"Trémole en en el río Paraná y en sus costas el pabellón azul y blanco y muramos todos antes de verlo bajar de donde flamea"
Señora Presidenta, si lee este reclamo de un defensor del modelo nacional, popular, participativo y democrático, créame que en eso estamos. Queremos que siga bien en lo alto el pabellón azul y blanco, y que nos guíe como bandera a la victoria. Porque en realidad, es esa la bandera que “no fue atada jamás al carro triunfal de ningún enemigo en la faz de la tierra”. *

Sería saludable tener una ley FEDERAL con participación de representantes de TODAS las provincias argentinas, donde entre todos nos demos la bandera y otros símbolos patrios. De hecho, el proyecto, con los colores bien definidos, quedó cajoneado en el Senado luego de ser aprobado en la Cámara Baja, desde hace casi 10 años.


Este artículo me resultó mucho más largo de lo que esperaba. La causa bien lo valía aunque quedó mucho material afuera, que servirá para agregar citas y correcciones futuras.


Si llegaste hasta acá y te preguntás de qué forma honrar a la bandera azul y blanca y pedir para que vuelva a ser reconocida y aceptada, humildemente sugiero algunas ideas.

  • En primer lugar, no repudiar a ninguno de los símbolos patrios. Se los podrá criticar e investigar, pero siguen siendo parte de nuestro país y juramos defenderlos.
  • Revisar la historia, Dudar de lo que nos cuentan con espíritu crítico, Investigar y difundir
  • Comprar el pabellón azul y blanco, que cuesta pero se consigue. Y colgarlo en los balcones. Pronto vamos a sorprendernos de ver cuántos somos. Es excelente la iniciativa gubernamental de que mostremos nuestras banderas. Del color que sean, nos identifican como Nación. Pero la azul y blanca es la que nos guió en los años gloriosos del inicio de nuestra vida nacional.
  • Cuando se desee vestir los colores de algún representativo deportivo nacional, elegir cuando lo hubiera, la indumentaria azul, cualquiera sea el deporte que nos guste. He resignado vestir orgullosamente la casaca a bastones, sabiendo que somos uno de los pocos seleccionados con ese diseño, por mantenerme fiel a mis principios. Bandera azul y blanca, camiseta azul y blanca.

* La Necesidad de la Reivindicación, y una reflexión final

Dejé este capítulo para el final, porque no estaba pensado originalmente entre las ideas a publicar, pero creo que no debe ser omitido. Surgió pocos días antes de publicar la nota.


No fue un capricho que nos cambiaran la bandera.

Cuando uno de pequeño en edad escolar observa las banderas de los países centroamericanos no deja de llamarle la atención el parecido con la nuestra.
Pero pronto alguien le dirá que la nuestra no es similar a la de aquellos países lejanos y olvidables. Cuando en realidad, la bandera debería ser la misma.
Es que la hermandad latinoamericana no se enseña(ba) en los colegios.
Y tampoco se enseña la campaña y vuelta al mundo de Hipólito Bouchard, que llevó el pabellón azul y blanco a las costas de California.

¿Alguien oyó a su maestro de primaria o de secundaria inclusive comentar sobre la campaña de Aury y tantos otros, y la influencia que las luchas de ambos a favor de la independencia de los pueblos de América tuvieron sobre el caudillo Manuel José Arce, que inspirado en las insignias que portaban los anteriores en sus viajes de corso, creó la bandera de las repúblicas de Centroamérica que luego devinieron en cinco banderas azules y blancas?
Seguramente que no, y muchos deben estar conociéndolos al leer este artículo (bienvenido si es así).

Mucho menos resulta casual que tampoco se enseñaba hasta ahora la gloriosa gesta de Obligado. Y no solo por la gesta, ni siquiera, porque Rosas estuviera al frente del gobierno de la Confederación Argentina. No era capricho este olvido, sino algo bien premeditado.
En todos estos casos citados, hay un denominador común:
LA BANDERA ARGENTINA ES AZUL Y BLANCA


Hasta aquí, podríamos pensar que la negación la podría haber ejercido alguna facción política. La que escribió la historia oficial, esa que revisionamos a cada momento, mal que les pese a los profetas del odio (porque resultó que son los mismos).


Pero además de todo esto, no debemos perder de vista que la Bandera Azul y Blanca es la que las dos potencias de entonces, Inglaterra primero y luego Francia (hoy los dos en el G7 y con veto en la ONU) debieron desagraviar con 21 cañonazos. Ellos nunca lo olvidaron.
La existencia de esa bandera, sería para siempre, contraria a sus intereses colonialistas y una reivindicación de la soberanía de los países de esta parte del mundo.
Seguramente, en este desagravio especialmente, debamos ver la razón por la cual, el imperio que nos supo colonizar económicamente, pretendió cambiarnos el color de la bandera…

Y fue precisamente en definitiva su mayor agente en nuestro país, el impulsor del cambio del color de la bandera. NADA es porque sí.
En estos días, la Presidenta de la Nación volvió a repetir el irrenunciable reclamo de soberanía argentina sobre las Malvinas, Georgias, Sandwich e
islas del Atlántico Sur. Y asistimos a una nueva negación de las autoridades británicas. No debemos cejar jamás en nuestro reclamo. Pero sería bueno hacerlo portando la bandera azul y blanca. Pues no le temen a la que nos impusieron ellos. Pero seguramente sí, porque ellos también tienen memoria, a la que debieron desagraviar.
Señora Presidenta, desde aquí, le solicitamos que revea su decreto último, y adopte la bandera más gloriosa que supimos tener y con la cual de
seguro, volveremos a Malvinas: AZUL y BLANCA.

20 de Junio de 2011 (último aniversario previo al bicentenario de la presentación de la bandera nacional por el General Manuel Belgrano al Ejército del Norte).


Algunas fuentes de este artículo

domingo, 19 de junio de 2011

Es un buen tipo, mi viejo

Feliz día del padre!
Y gracias a vos viejo, por abrirme los ojos, enseñarme con pocas palabras el pensamiento nacional, y fomentar mi interés por revisar la historia.

No es mío, pero lo siento como propio:
http://www.dailymotion.com/video/x9g9ts_carta-de-un-obrero-militante-a-su-h_news

jueves, 5 de mayo de 2011

Es la Juventud, Estúpidos

"Cuando la juventud se pone en marcha el cambio es inevitable, es inexorable y además es deseable, porque queremos el cambio" Cristina Fernández de Kirchner, 5 de mayo de 2011

Nuestra presidenta, quiere el cambio. No le teme. Debido a que el alto grado de participación de la juventud tal como se lo observa actualmente, no es nuevo. Al menos no lo es en la historia del movimiento nacional y popular.

Esto lo tienen muy claro tanto la “inteligentzia” como los líderes del proyecto nacional y popular. Ocurre que mientras aquellos lo comentan para denostar, quienes buscan hacer realidad la transformación del país en uno más igualitario, siempre nos han impulsado a participar desde jóvenes.

Tomemos sólo un ejemplo: Hace poco más de un mes, salía en Clarín la siguiente publicación: “Axel Kicillof tiene 39 años… es Doctor en Economía, es profesor por concurso de Macroeconomía y Política Económica, Microeconomía e Historia del Pensamiento Económico de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Pero además, Kicillof es uno de los principales referentes de La Cámpora…”

Cuando leo párrafos como el anterior, en primer lugar quiero felicitar a Axel a quien no conozco, pero por lo visto es como se dice en la jerga “un cráneo” (soy contemporáneo suyo y tengo dos títulos universitarios de la misma casa de estudios, y allí no es para cualquiera obtener un doctorado) que evidentemente, jerarquiza con su currícula a la empresa donde ha sido designado, como también al Estado Nacional que lo emplea actualmente. El problema no radica en sus antecedentes, sino su pertenencia a “La Cámpora” primero y su juventud después.

Y esto último se utiliza para intentar denostar a los ya muy numerosos grupos juveniles de todo el amplio abanico de defensores del modelo impulsado por el gobierno actual.


Como esta, son varias las diatribas del mismo tenor que pueden encontrarse a menudo, en una nueva zoncera que deberá agendar el ministro Aníbal Fernández, pues al ritmo de producción que llevamos, a fin de año sale el tomo dos de su manual.

Ahora también veamos quiénes son los principales expositores de estas argumentaciones (bah, siempre los mismos):




  1. La tribuna de doctrina. Que olvida seguramente que don Bartolomé llegó a la Presidencia de la Nación a los 41 años, luego de haber dirigido los ejércitos de la secesionista Buenos Aires en Pavón y Cepeda.


  2. El gran noble diario. En este caso tal vez se trate de un tirón de orejas para los herederos de la dueña por no tener una posición directiva en alguna de las empresas del grupo. No viene mal recordar que su fundador era diputado a los 28 años, Ministro de Gobierno provincial a los 34 y creador del periódico en cuestión antes de cumplir los 43.


  3. El director del diario de costado, que si bien siempre actuó en el ámbito privado, fundó su editorial a los 21 años.

En tales medios, para la actuación juvenil de sus antecesores, hay silencio y respeto, cuando no loas y el manto inexpugnable de la historia (¿sabían ustedes que el que fue presidente mandó al muere proporcionalmente a más gente que la última dictadura militar, o que el ministro, lo hizo en un gobierno de facto de la década infame acaso?).

El problema lo tienen cuando “la juventud”, en masa, se define por la causa nacional y popular. Porque sucede que la juventud tiene la costumbre de entenderse rápidamente, masificarse, y especialmente, comprometerse y participar. Y eso que debería ser valorizado en tanto motor de la transformación de la cultura de un país, entendida esta en su sentido más amplio y abarcativo, a los profetas del odio, necesitados del status quo, los aterra.

En cambio, a quienes militamos del lado de la causa de la patria justa libre y soberana, con la Presidenta en primer lugar, la participación de la juventud nos enorgullece y como todo lo que da orgullo, lo hacemos con inmensa alegría, y cada vez con más ganas, cada uno desde su lugar.

Repasemos entonces algunos hitos de la juventud argentina, como para entender el miedo de los “conservadores”.




  • 1945: Las multitudes de trabajadores, mayoritariamente jóvenes, porque eso eran realmente, colman la histórica Plaza de Mayo hasta obtener la libertad de su líder, Juan Domingo Perón.


  • 1956: Son jóvenes los fusilados en José León Suárez. Carlos Lizaso contaba sólo 21 años, Di Chiano, 50. El resto, 40 años o menos en aquel momento.


  • 1962: Es secuestrado y desaparecido el obrero metalúrgico Felipe Vallese.


  • Entre 1955 y 1972 son innumerables las participaciones de la juventud en la Resistencia Peronista.


  • 1972 a 1974: No hace falta hacer mención a la presencia y participación de las juventudes, de todos los colores políticos en este, haciendo énfasis especialmente, en la Gloriosa JP, que movilizaba cientos de miles de ciudadanos en cada acto.


  • 1983: Luego del triste período de la dictadura militar, aparece nuevamente la juventud, movilizándose en gran número en los actos del cierre de campaña de los dos mayores partidos populares.


  • Entre 2003 y 2008, se fue volviendo a formar la conciencia nacional en la juventud, que sin dudas hizo eclosión ese último año durante la llamada “crisis del campo” y tuvo su punto culminante en las interminables muestras de dolor y agradecimiento simultáneos, del 27 de octubre de 2010, cuando falleció el compañero Néstor Kirchner.

Por eso estamos orgullosos de que los pibes se involucren. Porque ha sido siempre la juventud el motor del movimiento nacional y popular. El peronismo puntualmente, en tanto movimiento revolucionario, guiado por su líder Juan Perón en el principio, y por la compañera Cristina Fernández actualmente, siempre tuvo presente dentro de cada una de sus ramas, el motor de la juventud. Lo fue en 1945 como dijimos, pasando por Evita, fallecida trágicamente cuando solo contaba con 33 años, lo fue durante la resistencia, durante los años de la vuelta de Perón y lo es también ahora. Y quienes nos estamos alejando de la edad de “la juventud” estamos orgullosos, pues sabemos que los que vienen detrás sin dudas son mejores, y llevan aún más altas nuestras banderas.

sábado, 16 de abril de 2011

Somos cada vez más

Días atrás Florencia Peña publicó en su columna de Tiempo Argentino dijo que cada vez somos más. En realidad es una verdad a medias.




Somos cada vez más los que nos animamos a cantarlo a viva voz en todos lados.




Pero siempre estuvimos. Y Siempre, fuimos mayoría. Por alguna razón sociológica que con el tiempo lograré entender completamente, y que seguramente venga desde las épocas de la proscripción primero y del proceso después, no siempre lo hemos cantado a viva voz.




Nos siguen estigmatizando con aquello de que es malo, feo, grasa o mal visto, ser peronista antes, kirchnerista ahora, o bien, peronista las dos veces, por qué no.




O nos toca escuchar comentarios como que los crímenes de lesa humanidad fueron hace mucho tiempo, que son historia pasada, y que debemos mirar para adelante. Que estas y otras barbaridades las diga el gorilaje, o la oligarquía, que defiende sus propios intereses, es entendible. Pero lo triste es la todavía importante cantidad de aquello que algún poeta moderno dio en llamar la "masa anestesiada" que repite estas consignas. A ellos apuntamos también. Para ayudarlos a entender la historia y la realidad nacional.




Por suerte, cada vez más gente abre los ojos, y a la vez, los que siempre fuimos más, pero cada vez lo decimos más, les hacemos saber nuestras diferencias y demostramos con valentía, que defendemos el modelo actual, que representa al país que queremos dejarle a nuestros hijos.

El Flaco (crítica no literaria)

Acabo de terminar de leer el Flaco. Me duró menos de una semana. Y eso que algunos pasajes son complicados.

Creo que me salvó la forma en que el colegio secundario me abrió la cabeza hace ya más de 20 años.


Es la primera vez que leo a Feinmann. Lo juro. Excepto por algunos pasajes de su primer tomo sobre el peronismo, en alguna librería pocos meses atrás.

Es que no fui nunca lector de Página 12, ni cuando no coincidía con ellos, ni ahora que podría hacerlo varias veces y hasta me lo recomendaron.

Si bien sabía que muchas de las ideas de este filósofo estaban en conexión con la obra de gobierno de Néstor Kirchner, aún así tampoco lo había leído.


Como no leí ninguna de las biografías de Néstor que hay en plaza, y siendo el primer libro que se publica sobre él desde su lamentable pérdida, pensé que se trataría de otra cosa. Que nos mostraría más a Néstor. Tal vez estuve errado yo.

Sí me queda claro que los encuentros habidos entre ambos, Feinmann los volcó todos. Y si de alguno no lo hizo, no fue porque se lo guardó para sí, sino que no sacó nada interesante de ellos y no los mostró.


Debo decir que sin llegar a decepcionar completamente, no terminó de gustarme el libro. Porque de las 300 páginas, a los diálogos, las llenan no más del 10%. Y el pensamiento de Néstor tal vez, otro tanto.

Obviamente el problema no es Néstor, aunque algunas cosas que el autor pone en su boca me puedan generar algunas dudas.


Del restante 80% del libro, la mitad es necesaria para entender los porqués de algunos diálogos, o tienen algo elíptico sobre el tema en cuestión (por ejemplo, la argumentación sobre la negativa a la tapa de Gente, por lo que representa la revista y los personajes involucrados en ella, debería ser texto obligatorio en los colegios secundarios).


El problema lo representa todo ese resto del libro donde Feinmann se autocita, comenta su pensamiento, y se halaga, por un lado, que lo pone cada vez más lejos de "la mierda" como comenta en algún pasaje. Si Feinmann escribió su libro para conmover a un pequeño círculo de intelectuales, tal vez le resulte muy interesante a estos. Pero ocurre que su libro lo van a leer muchos miles de argentinos no tan familiarizados con las corrientes filosóficas ni con ganas de saber cada una de sus obras anteriores. Eso último es mercantilismo.


Otro error de Feinmann es quedarse con aquella visión de Perón como el creador de la Triple A, o un viejo nazi. Más allá de que yo piense diferente, el error no está en su pensamiento, sino en que deja ver que, si alguna vez puso los pies adentro del plato, no lo hizo consustanciado con la causa. Y peor aún. Cuando se debió quedar a pelear por su espacio, se alejó.


Pero para poder terminar de entender esto, aún sin compartirlo, en cuanto me resulte posible (porque por suerte, estoy volviendo a leer mucho, dejando de lado otros menesteres) voy a leer su obra sobre el peronismo, no sea cosa que él ya haya contestado mis dudas, y yo esté dando vueltas sobre temas ya vistos.


Adicionalmente, y tiene que ver con algo expresado en un párrafo anterior, creo que el libro es una muestra excelente para entender en qué consiste el concepto de "entrismo". Pero eso lo explicaré en una próxima entrada.


En definitiva, creo que es un libro que hay que leer. Aunque no nos guste por completo, y aún sabiendo que un 50% es de política, y otro tanto de filosofía.

viernes, 1 de abril de 2011

Volveremos a Malvinas

Inauguramos el Blog con una declaración de principios. Las Islas Malvinas, FUERON, SON y SERÁN argentinas.