lunes, 7 de mayo de 2012

YPF no es lo Importante (por Hernán Brienza)

Si tuviera que publicar cada entrada de Hernán Brienza que me resulta agradable, interesante o tal vez indispensable, este blog ya no tendrìa identidad propia. La que publicó el domingo pasado en Tiempo Argentino, es una de las que bien merecen ser releídas continuamente.
Tuve la suerte de escucharlo en el stand de Radio Nacional en la Feria del Libro, conversar acerca de estos temas cuando lo visitó el Senador Aníbal Fernández. Comparto la nota y todo lo que tan bien expone (y que a otros no nos sale de esa forma).



YPF no es lo importante                     Por:  Hernán Brienza  06/05/12
El signo de esta semana fue mucho menos grandilocuente pero mucho más profundo y denso. Me refiero a esa corrida, casi como una fuga, en tonos grises, de un hombre en geografías propias.
Advertencia al lector: el editorial no se referirá a la promulgación de la ley de expropiación de YPF. Pero no porque el autor considere que no se trata de un hecho histórico incontrastable. Tampoco es que no se sienta sorprendido por la abrumadora mayoría por la que fue aprobada la norma en el Senado y en Diputados. Sino porque considera que el signo de esta semana fue mucho menos grandilocuente pero mucho más profundo y denso. Me refiero a esa corrida, casi como una fuga, en tonos grises, de un hombre –que bien podía ser una escena de Rocky Balboa, ese boxeador humilde y tontuelo que puso en la lona al campeón de todos los pesos– enfundado en un jogging en geografías propias pero poco amenas para los argentinos. Con música épica, con carteles en inglés, con el Océano Atlántico de telón de fondo, ese hombre –cuyo verdadero nombre y circunstancias son ahora nimiedades– realiza flexiones hasta quedar exhausto y besar la des-tierra. La publicidad concluye con una frase que semeja una estocada con punta envenenada: “Para competir en suelo inglés, entrenamos en suelo argentino.”
La frase es ingeniosa. Pero es algo más aún. Es sutil. Primero porque no tiene el contenido belicoso que, por ejemplo, tenían las publicidades chauvinistas de bebidas alcohólicas realizadas con oportunismo para los mundiales. Pero sobre todo, porque tiene una pluralidad de interpretaciones, no es aprehensible, y es borgeana, en algún sentido. Se trata de un territorio-desterrado, de una propiedad-no propia, de un suelo argentino que es inglés y de un suelo inglés que será argentino. Y permite, además, la posibilidad de revisitar estos años. Porque no es un atleta de excelencia que viaja a Europa porque en su país no tiene oportunidades. No está construido sobre el mito de la exportación de “los mejores”, convirtiendo automáticamente a los que se quedan en nuestra patria en “los peores”, el lastre, los fracasados que no pueden escapar de un país decadente y en ruinas que se merecen por no estar a la altura de la “aristocracia” que huye. El protagonista de la publicidad corre, pareciera que huye, pero entrena. Entrena en su patria para competir en territorio ajeno. Él, como Luciana Aymar, gigante deportista que reta a su compañera porque no utilizó su derecho como mujer de elegir no quedar embarazada justo cuando hay que ir a competir a Gran Bretaña, son parte de los mejores. Están “aquí” y van “allá” temporalmente para conquistar unos metros de gloria. 
Sin la lógica de esa publicidad, la expropiación de YPF no habría sido posible. Porque, a decir verdad, el clima político, económico, ideológico que vive Argentina es hijo directo de aquella brillante definición que dio la presidenta de la Nación en el año 2007 cuando dijo “la batalla es cultural”. Porque en los noventa lo que había ocurrido, justamente, era que el neoliberalismo había ganado esa batalla. Cualquier hijo de vecino en los noventa recitaba el credo de las privatizaciones que rezaba, según el decálogo menemista pronunciado por Roberto Dromi: “Nada de lo que deberá ser estatal quedará en manos del Estado.” Pero hasta allí estaríamos discutiendo meras estrategias técnicas para llevar adelante, con pragmatismo, determinadas políticas públicas. Ni las privatizaciones son demoníacas por sí mismas ni tampoco las estatizaciones nos llevarán al cielo. Porque la batalla de fondo no es la pragmática sino la identidad, la conciencia nacional de quien decide utilizar una u otra estrategia en determinado momento histórico. ¿Se privatiza para beneficiar a la Nación? ¿Se estatiza para que las empresas privadas hagan fortunas a costa de ella? ¿Cuándo la dictadura estatizó la compañía Ítalo-Argentina de electricidad o la deuda de las empresas privadas pensaba en el bien de las mayorías o de los negocios privados? La pregunta de fondo es ¿para qué? Pero sobre, muy sobre todo, es ¿quiénes somos?
Y ese, en verdad, es el corazón de la cuestión cultural. El kirchnerismo, pero sobre todo Cristina Fernández, elaboró como máxima estrategia a largo plazo la reconstrucción de la identidad y de la autoestima nacional. Porque sabe que sin Nación no hay pacto social de convivencia. Y tampoco paritarias ni AUH ni ANSES ni Aerolíneas ni YPF. Por eso para poder instalar el neoliberalismo en los noventa dispararon donde más duele: en la identidad nacional. Primero la dictadura cívico-militar con sus publicidades contrarias a la industria nacional y con su pseudo patrioterismo infantil y belicoso que aplicó primero contra la “subversión”, luego contra Chile y como, finalmente, vio luz en Gran Bretaña, la emprendió contra la “Pérfida Albión”. 
La democracia decidió “desnacionalizar” a la sociedad, mientras la constante prédica del “periodismo montevideano” –aquellos escribas exiliados que desde Uruguay consideraban que a la “barbarie” americana se la combatía defendiendo los intereses de las potencias civilizadas– nos inculcaba que “este era un país de mierda”, que no podíamos administrar nuestras empresas y, prácticamente, durante el delarruismo llegó a proponer que el país fuera gobernado por extranjeros. Reconstruir la idea, y por ende, una praxis colectiva fundada en la apelación a la Nación es el legado más importante –recordemos la fiesta popular del Bicentenario– que el kirchnerismo aporta a la historia de los argentinos y a su futuro. Los argentinos podemos entrenar en nuestro suelo, competir en suelo inglés y, como si fuera poco, volver a nuestro país a vivir. Ya no somos exiliados. Ese es el mensaje. “Los argentinos tenemos Patria.” Pero ¿qué es eso?
Juan Domingo Perón concluyó su texto La comunidad Organizada con una iluminadora prosa. Decía: “Nuestra comunidad tenderá a ser de hombres y no de bestias. Nuestra disciplina tiende a ser conocimiento, busca ser cultura. Nuestra libertad, coexistencia de las libertades que procede de una ética para la que el bien general se halla siempre vivo, presente, indeclinable. El progreso social no debe mendigar ni asesinar, sino realizarse por la conciencia plena de su inexorabilidad. La náusea está desterrada de este mundo, que podrá parecer ideal, pero que es en nosotros un convencimiento de cosa realizable. Esta comunidad que persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede realizarse y realizarla simultáneamente, dará al hombre futuro la bienvenida desde su alta torre con la noble convicción de Spinoza:  Sentimos, experimentamos, que somos eternos.”
Acertada y elegante frase atribuida al filósofo Carlos Astrada: “La náusea está desterrada de este mundo.” Porque, para el Perón-Astrada no hay sinsentido vital donde hay patria y Nación. Y no se trata de una grandilocuencia esencialista, de una pomposidad momificada. Sino quizás de esa humilde idea del francés Ernest Renan: “Una nación es, pues, una gran solidaridad, constituida por el sentimiento de los sacrificios que se han hecho y de aquellos que todavía se está dispuesto a hacer. Supone un pasado; sin embargo, se resume en el presente por un hecho tangible: el consentimiento, el deseo claramente expresado de continuar la vida común. La existencia de una nación es (perdonadme esta metáfora) un plebiscito cotidiano, como la existencia del individuo es una afirmación perpetua de vida.” La recuperación de la autoestima nacional fue seguida por esa explosión de orgullo que significó el pueblo en las calles festejando el Bicentenario. 
El desafío ahora es el de lograr la tan esquiva “unión”. Porque ya lo escribió con claridad Manuel Belgrano en mayo de 1810: “La unión ha sostenido a las Naciones contra los ataques más bien meditados del poder, y las ha elevado al grado de mayor engrandecimiento; hallando por su medio cuantos recursos han necesitado, en todas las circunstancias, o para sobrellevar los infortunios, o para aprovecharse de las ventajas que el orden de los acontecimientos les ha presentado. Ella es la única, capaz de sacar a las Naciones del estado de opresión en que las ponen sus enemigos; de volverlas a su esplendor, y de contenerlas en las orillas del precipicio: infinitos ejemplares nos presenta la Historia en comprobación de esto; y así es que los políticos sabios de todas las Naciones, siempre han aconsejado á las suyas, que sea perpetua la unión; y que exista del mismo modo el afecto fraternal entre todos los Ciudadanos. La unión es la muralla política contra la cual se dirigen los tiros de los enemigos exteriores é interiores; porque conocen que arruinándola, está arruinada la Nación; venciendo por lo general el partido de la injusticia, y de la sin razón á quien, comúnmente, lo diremos más bien, siempre se agrega el que aspira á subyugarla. Por lo tanto, es la joya más preciosa que tienen las Naciones. Infelices aquellas que dejan arrebatársela, o que permitan, siquiera, que se les descomponga; su ruina es inevitable.” 
La renacionalización de YPF, entonces, no es lo importante. Es apenas un síntoma. Porque sin identidad, sin autoestima y sin unión nacional nada es posible. Ni las políticas públicas dirigidas a las mayorías ni las exigencias de compromiso a los empresarios y trabajadores, o al “Ciudadano”. Lo fundamental, en términos históricos, es que el kirchnerismo ha logrado algo que años atrás parecía imposible: ha renacionalizado culturalmente a la Argentina.  
Nota original en: http://tiempo.infonews.com/2012/05/06/editorial-74846-ypf-no-es-lo-importante.php

miércoles, 2 de mayo de 2012

Malvinas, Penetración Cultural y Cipayismo Criollo - Introducción


Desde hace ya bastante tiempo que da vueltas en mi cabeza la idea de dejar unas líneas acerca de la publicación por parte de los 17 nuevos iluminados de la intelligentzia, de un documento que no por nuevo, aporta una visión diferente a la que históricamente han publicado los diferentes medios que trabajan en las sombras al servicio de los enemigos de la patria grande.

Para poder hacerlo, sentí necesario antes, hacer un repaso de la historia. Como toda la historia nacional sería inabarcable en este blog, traté de hacer foco, lo más brevemente que me fue posible, en la nefasta influencia que la penetración del imperio británico ha tenido en no pocos pensadores y plumas de nuestra patria.

Para comenzar, y a modo de introducción quiero recomendar la lectura del libro “La Otra Historia. El Revisionismo Nacional, Popular y Federalista” (Ed.Ariel 1ª Ed. Abril 2012) realizado por varios patriotas que además, son historiadores revisionistas, bajo la dirección de Pacho O’Donnell.

Uno de ellos es el Doctor Marcelo Gullo, quien en la página 27 cita un comentario de Hans Morgenthau que dice lo siguiente:
“El imperialismo cultural es la más sutil y, en caso de llegar a triunfar por sí sola, la más exitosa de las políticas imperialistas. No pretende la conquista de un territorio o el control de la vida económica, sino el control de las mentes de los hombres como herramienta  para la modificación de las relaciones de poder entre dos naciones.Si se pudiera imaginar la cultura y, más particularmente, la ideología política de un Estado A con todos sus objetivos imperialistas concretos en trance de conquistar las mentalidades de todos los ciudadanos que hacen la política de un Estado B, observaríamos que el primero de los Estados habría logrado una victoria más que completa y habría establecido su dominio sobre una base más sólida que la de cualquier conquistador militar o amo económico. El Estado A no necesitaría amenazar con la fuerza militar o usar presiones económicas para lograr sus fines. .Para ello, la subordinación del Estado B a su voluntad se habría producido por la persuasión de una cultura superior y por el mayor atractivo de su filosofía política”. 
MORGENTHAU, Hans, Política entre las naciones. La lucha por el poder y la paz, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1986, p. 86.
(La cita de M.Gullo a dicho autor se puede encontrar en varios sitios dedicados al Pensamiento Nacional a lo largo de toda la web).

¿Cómo se entiende lo anterior? La historia argentina se encuentra surcada, desde la independencia, por la interferencia por parte de la pérfida Albión, que, luego de desistir en su intento por conquistarnos por las armas, decidió hacerlo a través de la economía y peor aún, de muchas mentes nacionales.

Así, primero obnubilaron a Rivadavia, lo mismo a su socio, Manuel José García, y a Carlos María de Alvear, que es el tristemente célebre emisor de las siguientes frases en los primeros días de 1815, es decir, poco antes de la declaración de nuestra independencia:

“"Estas provincias desean pertenecer a Gran Bretaña, recibir sus leyes, obedecer su gobierno y vivir bajo su influjo poderoso. Ellas se abandonan sin condición alguna a la generosidad y buena fe del pueblo inglés y yo estoy resuelto a sostener tan justa solicitud para librarlas de los males que las afligen.”
“Inglaterra no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Río de la Plata en el acto mismo que se arrojan en sus brazos generosos...”

Obviamente, al tipo que tiene la más bella estatua de nuestra ciudad capital, alguna mente pérfida de esas que tergiversaron nuestra historia quiso hacer llamar el Libertador (de hecho, la avenida porteña que lleva tal nombre, intentaba recordarlo, pero debió quitarse su nombre porque no resistía el más mínimo análisis).

No hace falta volver a hacer hincapié en el hecho maldito siempre ocultado por nuestra historia oficial, la heroica gesta de Obligado, que motivó el desagravio con 21 cañonazos por parte de la flota británica a nuestra insignia azul y blanca.

¿Y por qué no nos han enseñado en la escuela que García vendió la Guerra con el Brasil, o que años antes Alvear se arrodilló ante la corona británica, y nos ocultaron Obligado? Pues porque de haberlo hecho, nos hubiéramos dado cuenta de que Inglaterra había logrado mover los hilos de nuestra política, y por consiguiente, de nuestra economía nacional.

Avanzando en el tiempo, aparece don Bartolomé Mitre, tal vez el mayor cipayo de nuestra historia, de quien ya he expuesto demasiado en otros tópicos. Habrá que decir que en 1870 fundó el diario La Nación, tribuna de la doctrina que le dictó su graciosa majestad, cuyos intereses siempre defendió por sobre los del pueblo de su patria (el diario… y Bartolo también).

Durante el Centenario, se nos hacía creer que éramos el “granero del mundo” y la sexta potencia mundial, cuando en realidad sólo éramos la “granja de los ingleses”. Como se podrá ver, todavía hay quienes añoran aquella época.
¿Habrá muchos entre los 40 millones de argentinos que lo hayan vivido, o incluso sus padres como para desearlo de tal forma? ¿o será una muestra más del imperialismo cultural citado al inicio de la nota?

Avanzando en el tiempo (la recorrida la hago a grandes rasgos como para no aburrir, pues en definitiva esta nota será la antesala de la idea que pretendo mostrar) aparece el “Estatuto legal del coloniaje” en 1933, con la firma del vergonzoso y antinacional pacto Roca-Runciman, donde la oligarquía prácticamente se arrodillaba frente al imperio británico... Literalmente. Si el propio vicepresidente de la Nación, don Julio A. Roca (h) decía orondo que: “Argentina es parte integrante del Imperio Británico”.
Si hasta da indignación y vergüenza el volver a leerlo…

Por suerte para nuestra patria, por aquellos años surgían don Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y todo el grupo de FORJA, como también la corriente de lo que se denominó el revisionismo histórico.
Y más tarde lo hizo el General Perón, y tras él su pueblo un 17 de octubre, para juntos, cursar los que fueron hasta entonces los 10 años más felices de nuestra patria.

Todo ello fue posible por la fuerza de nuestro pueblo, pero también porque Inglaterra, luego de la Segunda Guerra Mundial, debió dedicarse a su reconstrucción y nos dejó de lado en parte (pues no se olvidó de retener los saldos favorables de nuestras exportaciones por caso).

La última aparición importante de la mano invisible de la pérfida albión en nuestra política fue la así llamada Revolución Libertadora, que vino a liberar a los intereses británicos en nuestro país (y a sus muchos defensores internos) de la influencia de la corriente nacionalista popular, democrática y participativa que representó el peronismo.

La guerra fría llevaría por otros caminos a los vendepatria vernáculos. El eje ya era otro. Y no habría lugar para terceras posiciones de momento.

A la Corona no le importó. El daño ya estaba hecho. La penetración cultural, a lo largo de los 100 años que iban desde Caseros hasta entonces, haría el resto del trabajo. A cada zonzo viejo que moría, le aparecía una zonza preñada, como decía Jauretche, y así, las consignas de la historia falsificada, se siguieron repitiendo año tras año, en especial, desde las instituciones que se suponía serias como la tribuna de doctrina, o la Academia Nacional de la Historia (sobre la que volveremos pronto).

Hasta que llegó Malvinas, y se hizo imposible ya reconciliar a la mentira histórica, con la realidad de 1982…
Pero las consecuencias de aquella contienda serán motivo de otra nota.

La Bandera Azul y Blanca por todo el país

Un poco de difusión entre tanta opinión...

Como habrán visto en la entrada anterior, la bandera Azul y Blanca estuvo presente en el acto de recuerdo a nuestros héroes de Malvinas llevado a cabo en Villa La Angostura.

Unos días antes, durante febrero, estuvo conmemorando el Aniversario del nacimiento del General José de San Martín en el Cerro de La Gloria en Mendoza.



En estos días también, como en cada una de las últimas ediciones de la Feria del Libro, el stand de Ediciones Fabro le hace el honor a la bandera Azul y Blanca.

Y por último, el pasado 29 de Abril estuvo presente junto a las también banderas azules y blancas uruguaya y de Artigas, en el barrio porteño de San Telmo, durante la celebración del carnaval de los residentes afrodescendientes a quienes cumplimos en saludar desde aquí, pues también son parte de la historia grande.


Como decía, entre tanta nota de opinión estaremos publicando las fotos de la bandera, a medida que la llevemos por todo el país. Esta bandera también es parte de la historia que no nos contaron.

Si tenés una bandera argentina azul y blanca, difundila con nosotros. Comunicate a ArgentinaAzulyBlanca@gmail.com y envianos tus fotos.

jueves, 19 de abril de 2012

El 2 de Abril, en Villa La Angostura

Soldado Voluntario Gustavo Barrenechea, uno de nuestros muchos héroes.

Estuve de vacaciones y por eso el foro no se actualizó durante tantos días de temas tan interesantes.
El pasado 2 de Abril me encontró en Villa La Angostura. Averigüé si habría algún acto allí y concurrí con la familia.
Resultó realmente muy emotivo. Para no ahondar en detalles, les dejo copia del video, gentileza de Diario Andino, y las notas de la cobertura del mismo.

Video del Acto:

Cobertura de los medios zonales
Diario Andino:

La Angostura Digital:

Diario Río Negro:


La Bandera Azul y Blanca, presente en la reivindicación de nuestro suelo patrio.

jueves, 22 de marzo de 2012

Malvinas la única política realista: Aumentar los costos de la ocupación Por: Marcelo Gullo *

(Mientras sigo demorando mis opiniones sobre el tema, publico esta nota interesante que he visto. Les recomiendo además, el suplemento "Malvinas, Memoria, Verdad y Soberanía" que aparece los sábados junto a las ediciones del Diario Tiempo Argentino.

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El objetivo estratégico de la política exterior argentina no puede ser otro que el de la recuperación de la soberanía efectiva sobre Malvinas y las islas del Atlántico Sur. Están en juego, cabe aclarar, dos millones de kilómetros cuadrados y, una inmensa cantidad de recursos naturales, desde el petróleo a los nódulos de manganeso. Ahora bien, cómo recuperar Malvinas no pudiendo y, no queriendo, emplear el uso de la fuerza. Cómo obligar a Gran Bretaña -miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto- a sentarse a la mesa de negociaciones si Inglaterra, a lo largo de toda su historia, se ha burlado del Derecho Internacional y, de las obligaciones que de él se desprenden. Una minoritaria pero, influyente corriente intelectual propone llevar a cabo una ingenua política idealista de seducción de la población británica que ocupa Malvinas. En esencia, esa corriente de opinión propone establecer todo tipo de relaciones comerciales y turísticas con los ocupantes de Malvinas, a fin de facilitarles su vida en las islas y la explotación petrolera y pesquera. No se trata, en realidad, de una política novedosa es la política que llevó a cabo el ex canciller Guido Di Tella, en los tiempos de Carlos Menem, de las relaciones carnales con Estados Unidos y de la entrega del patrimonio nacional al capital extranjero o a grupos de inescrupulosos empresarios argentinos. En sustancia esa política de seducción es lo que Inglaterra necesita para disminuir el costo de la ocupación de Malvinas. Entonces, cómo recuperar Malvinas si no queremos y no podemos utilizar la fuerza y la vía diplomática es una vía muerta.

Conviene, antes de tratar de responder a estas preguntas, realizar una breve reseña histórica de la cuestión Malvinas y, de la relación entre el Reino Unido de Gran Bretaña y la República Argentina. Porque, como nos enseñara Arturo Jauretche, para llevar a cabo una política realista hay que saber que la realidad está constituida de ayer y de mañana; de fines y de medios, de antecedentes y consecuentes, de causas y de concausas. Sin un conocimiento histórico auténtico no es posible el conocimiento del presente, y el desconocimiento del presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro. El conocimiento del pasado es experiencia es decir aprendizaje.



Inglaterra y Malvinas en nuestra historia

Cristóbal Colón le dio a Castilla el mismo objetivo que, desde 1415 perseguía Portugal: llegar a las Indias, pero navegando hacia el oeste. La idea de llegar a Asía navegando hacia el Occidente no era nueva. Ya en su tiempo, Séneca, había afirmado que era posible navegar desde España hasta las Indias en unos pocos días.

El resultado imprevisto del esfuerzo de España por alcanzar las Indias, se llama América. Reflexionando sobre el descubrimiento y conquista de América, Abelardo Ramos afirma que, (cuando) “…el 12 de octubre de 1492, el ligur Cristóbal Colón descubre a Europa la existencia de un Orbis Novo…no solo fue el eclipse de la tradición ptoloménica y el fin de la geografía medieval. Hubo algo más. Ese día nació América Latina y con ella se gestaría un gran pueblo nuevo, fundado en la fusión de las culturas antiguas.” Para Jorge Abelardo Ramos, el 12 de octubre, es el día de nacimiento de América Latina y esto, es un hecho irreversible - según Ramos - independientemente de que esa fecha sea nominada “…descubrimiento de América, o Doble Descubrimiento o Encuentro de dos Mundos, o genocidio, según los gustos, y sobre todo, según los intereses, no siempre claros…”

Desde esa fecha data, también, el deseo de Inglaterra de arrebatarle a España las nuevas tierras descubiertas y colonizadas. Es durante el reinado de Felipe II de España que, la reina de Inglaterra Isabel I lanza contra la América Española una jauría de piratas y bucaneros que inician contra España una guerra de baja intensidad. Así, la América Española será atacada por Francis Drake en 1579, y por John Davis, en 1592. El objetivo estratégico ingles es claro desde un principio: arrebatarle a España pedazos de su soberanía en la América. Las numerosas islas del continente americano serán las primeras víctimas de la codicia británica. En el sur del continente americano Inglaterra fija su vista sobre las islas que controlan estratégicamente el paso entre los dos océanos -nuestras Islas Malvinas - y organiza, en 1748, una expedición con el inequívoco propósito de apoderase de ellas pero, sólo muchos años después, logrará poner sus manos sobre ellas. Importa destacar que la codicia británica fue en aumento correlativo al debilitamiento del poder español y que, en 1806 y en 1807, Inglaterra invade la ciudad de Buenos Aires con el claro propósito de adueñarse de todo el cono sur del continente americano. El pueblo en armas derrotó en las dos ocasiones al ejército profesional británico que, en la segunda invasión contaba nada menos que con 10.000 soldados. Sin embargo, derrotada militantemente, Inglaterra no se dará por vencida. Sólo cambiará de táctica para alcanzar su objetivo de apoderarse de las tierras del Plata. Para ello, producido el estallido independentista, comprará voluntades, organizará logias secretas que defiendan sus puntos de vista pero, sobre todo, tratará de convencer a los hombres que dirigen la política en el Río de la Plata, de que no deben poner ninguna barrera proteccionista que impida o dificulte la llegada de los productos industriales británicos, al puerto de Buenos Aires pues hay una división internacional del trabajo según la cual Inglaterra debe ser la fábrica del mundo y las Provincias Unidas del Río de la Plata, su granja. Imprimiendo a esa ideología de preservación de su hegemonía las apariencias de un principio científico universal de economía, logró persuadir de su procedencia a la mayoría de la elite porteña, enrolada en el Partido Unitario. Poco a poco, las Provincias Unidas del Río de la Plata, se van convirtiendo en una semi-colonia británica. Sin embargo, la irrupción política de Juan Manuel de Rosas que, en 1835, establece la Ley de aduanas, desafiando, -tal como lo hacían los Estados Unidos de Norteamérica, también por ese entonces-, los pseudo principios científicos del libre comercio, hace que el pueblo argentino recupere su soberanía económica y política. La respuesta británica a la llegada de Rosas al poder fue, primero, la ocupación de Malvinas y luego, la intervención militar directa - que llevó adelante junto con Francia. El objetivo no declarado de la intervención anglo-francesa, era la desestabilización del gobierno de Rosas, a fin de provocar su caída. Derrotada, nuevamente, por el pueblo en armas Inglaterra deberá esperar hasta 1852, para volver a imponer en el Río de la Plata la política del libre comercio. Después de Caseros, Argentina vuelve a ser una semi-colonia inglesa. Derrocado Rosas, Inglaterra comienza a pensar que toda la Patagonia podía convertirse en una colonia formal británica. Inglaterra sabe que, ni los Mitre, ni los Sarmientos opondrán demasiada resistencia. Sin embargo, con la llegada de Roca, a la presidencia, Argentina parece recobrar tímidamente su preocupación por los territorios australes. Roca reinicia, entonces, la protesta diplomática por la soberanía de nuestras Malvinas. Sin embargo, es el mismo Roca el que abandonando todo intento de industrialización de la Argentina permite que esta se convierta en la Granja de Inglaterra. El General Roca es el presidente bisagra entre el siglo XIX y el siglo XX. Sin embargo, no supo librarse de la subordinación ideológica que Gran Bretaña ejercía sobre la inmensa mayoría de la clase política argentina. Roca venció militarmente a Mitre pero no pudo vencer ideológicamente al mitrismo que no era otra cosa que la encarnación criolla de los principios del libre cambio que Inglaterra había exportado a la periferia como doctrina de dominación. No hizo Roca de la industrialización el norte de su política económica. No se propuso -como John MacDonald se lo propuso para el Canadá en ese mismo momento histórico- hacer de la Argentina una pequeña potencia industrial. Roca no se propuso alcanzar la independencia económica -como John MacDonald se lo propuso para el Canadá - se conformó con alcanzar una prosperidad económica estructuralmente muy débil y un vertiginoso progreso económico que, atado de pies y manos, a Gran Bretaña, contenía en si mismo el germen de su propio agotamiento. Cierto es que, con Roca, llegaron al gobierno la elite política de las provincias del interior, cuyos intereses difieren del de los portuarios, es decir de la clase política porteña nacida del contrabando que, después de Mayo de 1810, se propuso hacer de las provincias, una colonia de Buenos Aires y, de Buenos Aires, una colonia de Inglaterra. Pero, cuando la elite de las provincias llegó a Buenos Aires fue cooptada por el poder angloporteño. Hecho que posibilitó que los hombres del interior estuviesen en el gobierno y los de Buenos Aires en el poder. “Lo que no pudieron las armas lo hizo la estancia” ironiza Arturo Jauretche.

En 1904 la vieja clase política porteña logró expulsar del gobierno a la estéticamente molesta, aunque ya inofensiva presencia provinciana. El 12 de octubre de ese año Julio Argentino Roca entregó el poder a Manuel Quintana. Después de Caseros la Argentina vive una seudo-democracia, es en realidad una república oligárquica cuyos representantes son meros gerentes del imperio británico. Esa realidad explica que, en 1908, cuando Inglaterra declara como dependencia colonial a nuestras Islas del Atlántico Sur y parte de nuestra Patagonia, el presidente “argentino”, Figueroa Alcorta, no efectué el más mínimo reclamo ni realice la más mínima protesta. En 1914 el presidente Roque Sáenz Peña sanciona, para evitar una nueva guerra civil, la ley que consagra el voto secreto y obligatorio. Dos años después el pueblo argentino elige libremente, por primera vez, al presidente de la República. Con Hipólito Yrigoyen y el Radicalismo, el pueblo vuelve al poder del que había sido desalojado luego de la batalla de Caseros. Sin embargo, Yrigoyen no logra entender que mientras la Argentina siga siendo un país pastoril seguirá siendo una semi-colonia. Sólo la irrupción en la vida política argentina de Juan Domingo Perón, identificado por sus enemigos políticos como un segundo Rosas, hace que la Argentina se proponga retomar el camino de la industrialización. El 9 de julio de 1949 en San Miguel de Tucumán, el presidente de la República el General Perón, en la histórica casa de Tucumán en cuyos salones se había jurado en 1816 la Independencia política de España, procede a realizar la declaración de la Independencia Económica de la Argentina.

“Seguimos el mandato de nuestra historia. -declara Perón- Desde Mendoza, San Martín apuró la declaración de la independencia, convocó a sus propios diputados y los mandó a Tucumán. Y nosotros, que hemos de seguir la línea inquebrantable del sentido y del sentimiento sanmantiniano, llegamos hasta Tucumán para ir a la misma casa, rememorar el mismo clima, comprometer el mismo juramento y decidirnos a morir, si es preciso, para obtener la independencia económica”. ¿Por qué es necesaria esta independencia? -se pregunta Perón, para responder luego- Porque: “Desgraciadamente, mientras luchábamos entre 1810 y 1828 por conquistar nuestra independencia política, perdíamos nuestra independencia económica, siendo colonizados por otras naciones que por más de cien años han sacado beneficios de esta situación” El General Perón devela en Tucumán una verdad largamente ocultada por la historia escrita por los vencedores de Caseros: el hecho de que la Argentina pasó de la dependencia formal de España a la dependencia informal de Gran Bretaña. La dolorosa verdad, la verdad oculta, es que cambiamos de collar pero, no dejamos de ser perros. Pasamos del collar visible español, al collar invisible ingles. Tuvimos bandera, himno y ejército pero, Inglaterra nos encadenó a sus pies con el empréstito Baring Brothers y la sutil colonización cultural. Después de la independencia nos convertimos en una colonia informal del imperio británico. El 9 de julio de 1949, en Tucumán, el General Perón emprendió el camino de nuestra segunda emancipación. La independencia del imperio inglés estaba en marcha. Es, en ese marco de lucha encubierta contra la dominación británica que, el presidente Juan Domingo Perón analiza un plan expulsión de la fuerza militar británica de nuestras islas Malvinas. Luego de un profundo análisis, Perón rechaza el plan de recuperación pues considera que, si bien era factible la ejecución exitosa del mismo, no le sería posible a la Argentina, dada la relación de fuerzas, mantener la soberanía efectiva de Malvinas ante la segura reacción militar del Reino Unido.

Perón concibe, entonces, que sólo la construcción de un gran poder nacional podría obligar a Gran Bretaña a sentarse a la mesa de negociaciones. La industria aeronáutica y, la investigación en materia de energía nuclear, serán, en la concepción de Perón, los dos pilares fundamentales del poder nacional que la Argentina necesita construir para forzar al imperio inglés a entablar negociaciones a fin de pactar, con nuestro país, su retirada pacífica de Malvinas. Es, en ese marco de reconstrucción del poder nacional que, por primera vez, la Argentina, lleva su reclamo por Malvinas a los Foros Internacionales. Proceso que se corona, en 1965, con la Resolución de Naciones Unidas que reconoce la situación colonial de Malvinas, y obliga jurídicamente a Gran Bretaña, por primera vez, a sentarse en la mesa de negociaciones. Sin embargo, Gran Bretaña jamás cumplió sinceramente con esa obligación jurídica porque, una vez caído el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955, le resultó claro que, junto a Perón había caído el proyecto de construir una Argentina lo suficientemente poderosa como para obligar al Reino Unido a retirarse de Malvinas. Solamente el aumento de los costos de la ocupación de Malvinas llevó a Inglaterra, por un instante, a principios de la década del 70, a considerar la posibilidad de retirarse de Malvinas. Pero, rápidamente, esa posibilidad fue descartada al confirmar la inteligencia británica, en 1975, la existencia en el Atlántico Sur de una enorme cuenca petrolera que podría convertir a Malvinas en el Kuwait de la América del Sur. Luego, en 1982, Gran Bretaña indujo al gobierno de la dictadura militar argentina - a través de la Marina, fuerza infiltrada medularmente por la inteligencia británica- a que procediera a la recuperación de Malvinas. De esa manera Inglaterra encontraría la forma de militarizar el Atlántico Sur -a fin de darles a las compañías petroleras la total seguridad de que no serían molestadas en lo más mínimo- y de convertir a Malvinas, en el largo plazo, en un nuevo estado títere. Cabe aclarar que, el plan británico de 1982 estuvo a punto de fracasar dado el heroísmo de los soldados argentinos que combatieron en Malvinas pero, sobre todo dada la eficiencia y heroicidad de la Fuerza Aérea Argentina, única rama de las Fuerzas Armadas que la inteligencia británica no había logrado, por lo menos hasta ese momento histórico, infiltrar profundamente.

La única política posible: suramericanizar la reivindicación y aumentar los costos

No hay duda alguna que a Inglaterra no le interesa la opinión ni la suerte de los ciudadanos británicos residentes en Malvinas aunque ese sea su “caballito de batalla”. Sobran ejemplo como cuando desalojó por la fuerza a toda la población de una isla para entregársela a los Estados Unidos. Entonces, por qué el imperio británico se empecina en perpetuar su ocupación de Malvinas. Sin duda alguna la decadente Gran Bretaña piensa que Malvinas es su pasaporte al futuro porque Malvinas será, en un futuro cercano, el Kuwait del Atlántico Sur.

Con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, el 1 de diciembre de 2009, Gran Bretaña logró que nuestras islas Malvinas formarán parte de la "región ultraperiférica de la Unión Europea" prevista en el Anexo II de aquel Tratado. Así los 27 miembros de la Unión Europea se hicieron cómplices y garantes de la usurpación británica de las islas Malvinas. Gran Bretaña consiguió de esa forma europeizar la ocupación de Malvinas. Por lógica consecuencia, la única estrategia posible para Argentina, a partir de ese momento, consistió y consiste en latinoamericanizar y suramericanizar el tema Malvinas para que las repúblicas latinoamericanas se conviertan en activas protagonistas en el proceso de recuperación de la soberanía argentina sobre las islas del Atlántico Sur. Sin duda alguna, en Caracas y en Montevideo, la Argentina, ha dado pasos importantes, para latinoamericanizar y suramericanizar su reivindicación de Malvinas, consiguiendo que todos los países hermanos de la América Latina condenen la usurpación británica y su intento de apropiarse de la riqueza petrolera malvinense. Sin embargo, es preciso pasar, de forma inmediata, de la solidaridad declarativa a la solidaridad efectiva. Pasar, de las palabras, a los hechos. Para Argentina resulta imprescindible elevar los costos de la ocupación británica de Malvinas y dificultar todas las actividades económicas que los ingleses decidan emprender en el archipiélago o en sus aguas adyacentes. Este es el objetivo táctico que debe guiar, como principio absoluto de acción, la política argentina con respecto a Malvinas. Hay que comprender que la víscera más sensible de Inglaterra es el bolsillo. Hasta ahora, Gran Bretaña ha disfrutado de un cómodo statu quo. Argentina debe bajar el tono de las declaraciones y pasar a hablar con la contundencia de los hechos. Es, en ese sentido, que Argentina necesita del apoyo efectivo de todas las repúblicas latinoamericanas pero, fundamentalmente, de tres de ellas: Brasil, Uruguay y Chile.

Evidentemente Argentina no puede - dada la relación de fuerzas - impedir la explotación pesquera y petrolera del archipiélago malvinense por parte de Gran Bretaña pero, puede, contando con la solidaridad efectiva y no solo declarativa, de Brasil, Uruguay y Chile hacerla muy difícil en términos técnicos y económicamente muy costosa. Es, en ese sentido, que Argentina necesita:

1) Que Brasil; Uruguay y Chile se comprometan a que todo buque -cualquiera sea su bandera- que transite entre puertos brasileños, uruguayos o chilenos y las Malvinas o que atraviese sus respectivas aguas jurisdiccionales rumbo a Malvinas, tenga la obligación de solicitar una autorización previa ante sus respectivas autoridades nacionales, autorización que debería ser automáticamente denegada en el caso de que transportasen cualquier material que directa o indirectamente sirviese a la exploración petrolera en las Malvinas. La autorización debería ser denegada también a todo buque -cualquiera sea su bandera- que participe directa o indirectamente en la explotación pesquera.

2) Que el gobierno de la República de Chile, interrumpa los vuelos que realiza semanalmente la empresa LAN a nuestras Islas Malvinas, hasta tanto se revierta la agresión unilateral británica.

3) Que Brasil; Uruguay y Chile tomen las medidas legales necesarias, con carácter de urgencia, para que ninguna empresa instalada en Brasil, Uruguay o Chile participe de forma directa o indirecta sea en la explotación petrolera sea en la actividad pesquera de las islas Malvinas.

No hay argumento jurídico, ni discursos que puedan convencer a Gran Bretaña para que esté dispuesta a discutir el tema de la soberanía sobre nuestras islas Malvinas. La política de la seducción ha siempre fracasado. Gibraltar es un buen ejemplo del fracaso de una política de seducción sostenida en el tiempo por más de treinta años.

Si los costos de ocupar Malvinas son mayores que las ganancias que Gran Bretaña obtiene a través de la ocupación, sólo entonces estará dispuesta a sentarse a la mesa de negociaciones. Cualquier otra política que no consista en aumentar los costos de la ocupación es producto de la ingenuidad más absoluta, de una ignorancia histórica supina o de la complicidad consciente con los intereses británicos.

*(*) Doctor en Ciencia Política por la Universidad del Salvador, Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario, graduado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid, obtuvo el Diploma de Estudios Superiores (Maestría) en Relaciones Internacionales, especialización en Historia y Política Internacional, por el Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationales, de Ginebra. Discípulo del politólogo brasileño Helio Jaguaribe y del sociólogo y teólogo uruguayo Alberto Methol Ferré, ha publicado numerosos artículos y libros, entre ellos Argentina Brasil: La gran oportunidad (prólogo de Helio Jaguaribe y epílogo de Alberto Methol Ferré) y La insubordinación fundante: Breve historia de la construcción del poder de las naciones (traducido al italiano y publicado en Firenze con el título La Costruzione del Potere, ed Vallecchi, 2010)., asesor en materia de Relaciones Internacionales de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (FLATEC) y profesor de la UNLA (Universidad Nacional de Lanús). Académico de Número y miembro de la Comisión Directiva del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego

Fuente: http://lasanmartinunla.blogspot.com.ar/2012/03/malvinas-una-politica-realista.html

viernes, 2 de marzo de 2012

La Bandera de Belgrano - Por Eduardo Rosa

Charayvaltu de Ayo-huma, 14 de noviembre de 1813

El coronel Zelaya apresura su caballo. Trae una dolorosa orden del General Belgrano. “Tome nuestras banderas y vaya al pueblo de Macha y pídale al cura que esconda estas banderas. No deben caer en manos del enemigo.

Ya en el campo de Ayohuma no quedaban esperanzas; la derrota era irreverrsible.

Belgrano había establecido su cuartel en Macha antes de la batalla y contaba con las simpatías del cura. Uno de esos curas patriotas que no se dejaron arrastrar por la acertada falacia que habían impuesto los realistas. “la guerra era entre cristianos y porteños”. No era ajena a este sofisma la imprudente verborragia de algunos oficiales porteños que creían hacer la revolución francesa en el altiplano retomando argumentos que pudieran ser adecuados para la universidad de Chuquisaca pero no era temas que apasionasen a quechuas y aymaras.

Zelaya apresura el paso. Quiere terminar rápido con su cometido y regresar a salvar lo aún salvable. Se cruza con unos jinetes y reconoce entre ellos al cura de Macha. ¡Por suerte terminaría su misión!.

- No puedo regresar a Macha, le contesta el cura; han colgado a cinco de los nuestros de la torre de la iglesia. Pero déme esas banderas, yo las esconderé.

Potosí, 24 de noviembre de 1902

En el año 1885, en que yo servía de párroco en el curato de Macha […], con motivo de asear las (capillas) de Bumburi y de Titiri […] (la de Titiri está a 4000 mts de altura, lejos del camino a Potosí) saqué los cuadros antiquísimos que estaban en la pared del altar y encontré las banderas clavadas en la pared y que antes no se veían por estar tapadas […].

Ser Banderas de seda y estar ensangrentada una de ellas, llamaron mi atención y consulté a los capilleros, indios ambos muy ancianos, los cuales me dijeron: “En nuestra infancia supimos que tuvo lugar una batalla en Charayvaltu, entonces eran tiempos del Rey, en la que tuvo mucha intervención nuestro cura . Los amigos del cura perdieron y persiguieron a este, que pasó muchos días entre nosotros, […], este fue quién trajo estas banderas y las colocó en ese lugar y desde entonces nadie las ha tocado.

¡Habían pasado 72 años! Ya el alto Perú se había convertido en la república Boliviana.

Una de ellas con manchas de pólvora y sangre: era una bandera Argentina tal cual la conocemos, la otra despierte curiosidad. Era una bandera azul y blanca, pero su banda azul era la del centro y los bordes eran bandas blancas.

Es muy probable que esa haya sido la bandera de la desobediencia de Belgrano; aquella que el 27 de febrero de 1812 izó por primera vez en las barrancas del Paraná. En esa oportunidad Belgrano le informa a Rivadavia que necesitando una bandera la había hecho hacer tomando los colores de la autorizada escarapela. Belgrano le informa a Buenos Aires: “mandándola a hacer blanca y azul, conforme a los colores de la escarapela”, sin especificar el orden de las bandas. ¿Cómo era la escarapela que lucían los soldados de Belgrano? Un redondel blanco con un redondel de menor diámetro azul; o es decir el azul en el centro.

Todo indica que esa fue la bandera enarbolada en las barrancas de Rosario el 27 de febrero de 1812, la otra debió haber sido la creada por la asamblea del año 1813 que Belgrano hace jurar en el río pasaje, en Jujuy, que luego se llamara río juramento en recuerdo de ese acontecimiento.

Eduardo Rosa – Febrero de 2012

Bibliografía: BANDERA DE MACHA – Edit.Hanne – 02/2010 – Eduardo Perez Torres – y conferencia del mismo autor

Originalmente publicado en http://nomeolvidesorg.com.ar/wpress/?p=2108

lunes, 27 de febrero de 2012

Feliz Cumpleaños, Bandera Argentina

Hoy cumple 200 años nuestra bandera. Por diversos motivos no llegué a cumplir con algunas líneas para el blog antes, pero no he olvidado su aniversario.
Desde anoche, en algún balcón de la ciudad se muestra la bandera argentina azul y blanca, que lleva los colores que las tropas de su graciosa majestad debieron desagraviar en Obligado, luego de haberla quitado de NUESTRAS Islas Malvinas.

Hoy debió ser un día de fiesta más allá de los colores. Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano lo merecía. También la bandera más larga del mundo hecha por miles de argentinos como símbolo de amor a su patria, y la ciudad de Rosario a orillas del Paraná testigo de aquel momento histórico hace 200 años, también. Lamentablemente, una tragedia en los días previos lo impidió. Sin embargo, quedó una frase flotando en el ambiente, que resume lo que también deseamos quienes pretendemos revisar la historia: “Para ir por todo, es necesario que todos, entiendan todo”. Y cada uno desde su lugar, algunos un bastante más humildemente, en eso estamos.

En estos días, asistimos entre conmovidos e indignados, a la publicación por parte de grupos de intelectuales y peor aún de historiadores (que además pretenden arrogarse el derecho de indicar quiénes pueden o no revisar y/o enseñar la historia, que nos es común a todos) de un documento que señala que debemos dejar en paz a los “isleños” como denominan a nuestros hermanos argentinos, nacidos bajo la administración que de momento ostenta el reino británico sobre nuestras Islas Malvinas.

No resulta extraño, que lo hagan en el medio que el más falaz tergiversador de nuestra historia, don Bartolomé Mitre, se dejara de “guardaespaldas” como sabiamente lo expresara el gran poeta y tanguero Homero Manzi, es decir, el diario La Nación, que fue, desde su creación misma, vocero de los intereses británicos y de lo más rancio de la antipatria toda.

Es decir, así como Bartolomé Mitre modificó luego de 1860 la bandera de la Confederación Argentina, que era azul y blanca desde 1812 (fecha de la cual hoy se cumplen 200 años) y fue desde entonces un facilitador de la penetración económica de la Gran Bretaña sobre nuestro economía (sino un agente tal vez) también hoy, quienes guardan su memoria, y quienes eligen escribir desde su “tribuna de doctrina” siguen haciéndole el favor a la nación que nos ofende militarizando el territorio de nuestro Atlántico Sur. Y lo mismo sus socios en el “gran diario argentino”, el que necesitó de un decreto que pagamos todos, para que no fuera cooptado por inversores extranjeros…

Pero como bien sabe decir el dicho popular, aquí no se rinde nadie.

Por eso, reivindicamos desde acá, en primer término, que las Islas Malvinas, Georgias, Sandwich y demás archipiélagos del Atlántico Sur, fueron, son y serán argentinas.

Y en segundo término, dado que Manuel Belgrano luchó hasta su muerte por la Independencia Nacional, y que no merece que su historia y su grandeza, fueran manchadas por los agentes del cipayismo vernáculo, con independencia de la discusión acerca de la tonalidad de los colores de su creación simbólica más importante (pues como prócer nos ha legado mucho más que la bandera); si debiera elegir entre los colores que eligió Mitre y viera en qué y por qué, su biográfo fue un aliado de Inglaterra, y que incluso eligieron los unitarios que se aliaron a fuerzas enemigas en contra de su propia nación por un lado; y por el otro la enseña de la campaña gloriosa de Bouchard alrededor del mundo, de Aury en toda Centroamérica que sirvió de guía para la creación de las enseñas de aquellos pueblos hermanos, a las 21 salvas de cañón como desagravio tras Obligado, e incluso el despojo de 1833 en Puerto Argentino que nuevamente reivindicamos como nación, sin dudas, don Manuel elegiría hacer a su bandera, con los colores de esta última. Que en definitiva, es la que quedó en aquella iglesia del Alto Perú, que hoy nos devuelve don Evo Morales.

Para quienes aún no la hubieran leído, vaya una columna de Pacho O’Donnell publicada hoy http://tiempo.infonews.com/2012/02/27/argentina-68729-nuestra-bandera-como-simbolo-revolucionario-en-centroamerica.php acerca de nuestra enseña patria.

domingo, 15 de enero de 2012

La Bandera Azul y Blanca debe volver a las Malvinas

Así empezó esta aventura bloguera: http://azul-y-blanca.blogspot.com/2011/04/volveremos-malvinas.html
Es tan solo una declaración de principios.

Luego dijimos: http://azul-y-blanca.blogspot.com/2011/06/salve-argentina-bandera-azul-y-blanca_20.html
Donde al final de la nota publiqué lo siguiente:
No debemos perder de vista que la Bandera Azul y Blanca es la que las dos potencias de entonces, Inglaterra primero y luego Francia (hoy los dos en el G7 y con veto en la ONU) debieron desagraviar con 21 cañonazos. Ellos nunca lo olvidaron.
La existencia de esa bandera, sería para siempre, contraria a sus intereses colonialistas y una reivindicación de la soberanía de los países de esta parte del mundo.
Seguramente, en este desagravio especialmente, debamos ver la razón por la cual, el imperio que nos supo colonizar económicamente, pretendió cambiarnos el color de la bandera…

Y fue precisamente en definitiva su mayor agente en nuestro país, el impulsor del cambio del color de la bandera. NADA es porque sí.
En estos días, la Presidenta de la Nación volvió a repetir el irrenunciable reclamo de soberanía argentina sobre las Malvinas, Georgias, Sandwich e
islas del Atlántico Sur. Y asistimos a una nueva negación de las autoridades británicas. No debemos cejar jamás en nuestro reclamo. Pero sería bueno hacerlo portando la bandera azul y blanca. Pues no le temen a la que nos impusieron ellos. Pero seguramente sí, porque ellos también tienen memoria, a la que debieron desagraviar.
Señora Presidenta, desde aquí, le solicitamos que revea su decreto último, y adopte la bandera más gloriosa que supimos tener y con la cual de
seguro, volveremos a Malvinas: AZUL y BLANCA.

Hoy, ya hay voces inglesas en ese sentido, y es nuestra obligación difundirlas:
http://www.infonews.com/2012/01/14/mundo-6868-un-periodista-ingles-propone-devolver-las-islas.php

Un periodista Ingles propone devolver las Islas

Simon Winchester, periodista y escritor británico-estadounidense que reside en Estados Unidos, publicó este sábado en el periódico londinense The Times, una columna de opinión en la que expresa que el Reino Unido debería "repetir el éxito de la entrega de Hong Kong" y prepararse "para darle las Islas Malvinas a Argentina".

Winchester asegura que si Gran Bretaña se decide por una solución militar, con sus "fuerzas considerablemente disminuidas, probablemente perderíamos".

El periodista que también escribe en The Guardian, recuerda Gran Bretaña mantiene actualmente "dos problemas postcoloniales verdaderamente contenciosos": Gibraltar, en Europa, y las Malvinas, en el Atlántico Sur.

En el caso del reclamo argentino -añade- "se están haciendo declaraciones en las asambleas nacionales, se están dando discursos belicosos, se están desempolvando viejos planes de invasión y se están reconsiderando reacciones de defensa navales a larga distancia".

Para el periodista, quien es autor de más de una docena de libros de no ficción y de una novela, "el petróleo es una respuesta, el pescado es otra, así como el orgullo nacional, considerado oficialmente `en riesgo´ otra vez, tanto en Londres como en Buenos Aires".

"Si el tiempo se acelera, podríamos ver hablar de 1982 otra vez" y "lo que es actualmente un problema podría convertirse luego en una crisis" en la que después de tres décadas "la valiosa sangre podría derramarse una vez más". Y a continuación recuerda una frase de Borges, quien en su momento definió el conflicto como "dos hombres calvos luchando por un peine".

En 1982, Winchester fue enviado por el Sunday Times a cubrir la invasión británica a las Islas Malvinas. Sospechoso de ser un espía, fue retenido por el ejército argentino en Tierra del Fuego durante tres meses. Para él no existen dudas: "Otra guerra sería inútil".

Seguramente haría que la última haya sido casi totalmente inútil. Y si los británicos nos molestamos en pelearla con nuestras fuerzas considerablemente disminuidas, probablemente perderíamos. Esas son las crudas realidades que deben considerarse en Whitehall".

Otro factor que influye en una supuesta salida militar es que, a diferencia de 1982, esta vez existe "un gobierno estadounidense que ha señalado que de ninguna manera vendría esta vez en nuestra ayuda, ni abierta ni secretamente".

Por esa razón, Winchester hace una recomendación al gobierno y a los políticos británicos: "No deberíamos ser tan necios ni miopes como para intentar resolver este problema una vez más con pistolas". Y asegura que el tema "podría resolverse, y en su totalidad, con diplomacia y sentido común".

El columnista menciona el precedente de China, país en el que Gran Bretaña ha "confiado implícitamente desde 1997", que "según lo acordado, cuidaría y quedaría bien con seis millones de ex ciudadanos británicos de nuestra antigua colonia en Hong Kong".

"China más o menos ha cumplido su promesa con nosotros y con Hong Kong. Un país, dos sistemas: esta idea que suena radical y que avanzó a fines de los 80 ha funcionado desde entonces, y de forma casi impecable", recuerda Winchester, quien en 1985, viajó a Hong Kong y fue editor de la revista de Asia-Pacífico.

En lo que respecta al petróleo y la pesca -los asuntos que realmente preocupan a las tres partes- el escritor considera que "se podría convenir una solución negociada" entre "Londres, Buenos Aires y Puerto Stanley", en la que cada uno "recibiría un tercio de los ingresos, y las proporciones cambiarían a medida que van pasando los años".

"Los problemas pueden comenzar en esos detalles financieros: las conversaciones podrían tardar años", asegura, "pero hablar es mucho mejor que pelear", sobre todo si se permite que "una bandera argentina azul ondee sobre la casa de Gobierno de Stanley".



El artículo original para quienes estén suscriptos al diario y puedan verlo:
http://www.thetimes.co.uk/tto/opinion/columnists/article3286313.ece

sábado, 24 de diciembre de 2011

No dejes que te la cuenten

Revisar la historia debe ser una obligación de todo argentino que se siente preocupado por nuestro presente, pues desconociendo la historia, estaremos renunciando a nuestro porvenir. Por ello desde este sitio, apoyamos la creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.
Por lo que representa como mirada nacional y popular de la historia, por la integridad y reputación de quienes son sus miembros, y porque su creación constituye una nueva muestra de parte del Estado Nacional, representado por el gobierno de los 40 millones de argentinos, de respeto a la pluralidad de voces.

Se han alzado voces contrarias a su creación, generalmente de parte de los guardianes de la oscuridad histórica y de la memoria de algún infame traidor a la patria también. Y también muchas voces en defensa de la decisión tomada por el gobierno.

Se ataca a Pacho O'Donnell, y en realidad, esconden otros motivos en el agravio: jamás le perdonarán que propusiera que un tramo de la actual avenida Sarmiento, en el barrio de Palermo, lleve el nombre de Juan Manuel de Rosas, único gobernador del país que no tiene una calle con su nombre en su ciudad, siquiera, como sí tienen grandes avenidas todos sus rivales políticos, muchos de los cuales, no dudaron en aliarse a fuerzas extranjeras. Ni mucho menos que reivindicara su nombre en dos libros, una biografía y una reseña de las causas y consecuencias de la Vuelta de Obligado, heroico episodio oculto por los detractores de la creación del nuevo instituto revisionista.

En definitiva, la pregunta sigue siendo ¿qué es la investigación de la historia, sin agregarle el reviosinismo de manera constante? ¿Termina alguna vez la tarea del historiador?

Para cerrar, quiero republicar la siguiente nota, aparecida el pasado domingo 18 en el diario Tiempo Argentino, por creer que resume de la mejor manera el pensamiento de muchos de nosotros.


El antiperonismo, un mal que muta a lo largo de la historia

Por Víctor Ramos Miembro del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.

Primero fue contra los indios, luego los gauchos, luego contra los soldados de la independencia y las guerras civiles, luego contra los peones rurales y finalmente contra los obreros. El antiperonismo es racismo

La creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego levantó más polémica que cualquier programa de espectáculos en la televisión. Y eso es muy auspicioso. La Historia, que es una herramienta que puede ser utilizada para no repetir errores, y este instituto –que se debe dedicar a la investigación y a la divulgación– ya está cumpliendo sus trascendentes objetivos. El historiador y becario del CONI-CET, Luis Alberto Romero, continúa encendiendo la mecha de la polémica; ahora salió a los medios a denunciar a Faustino Siñeriz, vicepresidente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas –CONICET– por mandar una comunicación que según Romero parece: “Un texto de la Junta Militar, amenazando a todos, para que cada uno piense que tiene a un gendarme en su cabeza”, acusa. Pero la realidad es muy distinta. Parece mentira que un profesional de la Historia que debería ser riguroso con los datos, manipule los hechos de manera tan grosera. Esta situación pone en cuestión el método de análisis de Romero en cuanto a la historia, ya que falsea en nuestras narices un presente evidente. ¿Que habrá escrito en su profusa e inescrutable obra sobre el Medioevo?

Con motivo de la polémica contra el naciente instituto algunos académicos de la talla de Romero, Halperín Dongui, Sábato y Chiaramonte, se habían escudado en “la Universidad” en “el CONICET” en “la facultad” y esto naturalmente despertó la reacción de innumerables profesores e investigadores que siendo miembros de estas instituciones no se sintieron expresados por las ideas de estos referentes “liberales” o “sociales”. Esta situación determinó que el vicepresidente del CONICET señalara que los becarios que expresaran opiniones en el debate, no lo hicieran en nombre de la institución sino en forma personal ya que el CONICET es pluralista. ¿Cuál es la amenaza, señor Romero? “Me pegué un susto bárbaro, inmediatamente escribí para preguntarles qué querían decir”, aseguró el asustadizo académico. En una nota que suena a confesión, Luis Alberto Romero dice en el diario Clarín que: “Tras años de lidiar con el tema aprendí una cosa: en buena medida, el peronismo construyó al antiperonismo a su imagen. Creo que para la gente que disintió con Perón fue muy difícil no hacerse antiperonista. Por razones diversas, la primera casi de piel.” Romero se hace el dialéctico. Si el antiperonismo es cruel, persecutorio, fascista, asesino, fusilador e ilegal es porque el peronismo fue igual. “El antiperonismo es la imagen del peronismo”, dice Romero. Y agrega un condimento racista de contenido muy académico: es una cuestión “casi de piel”.

No es común observar en el ámbito universitario profesores abiertamente racistas –en cambio se escuchan solapados argumentos xenófobos envestidos de cuestiones migratorias– por eso las apreciaciones racistas de Luis Alberto Romero no deben quedar en el olvido ya que pueden contribuir a encontrar los fundamentos del antiperonismo.

No es como dice Romero en su pensamiento citado: “El antiperonismo es el reflejo del peronismo.” El peronismo no bombardeó el centro de la Ciudad de Buenos Aires provocando casi 400 muertos civiles; el peronismo no fusiló obreros, ni oficiales del ejército; tampoco el peronismo fue antidemocrático y proscribió a la oposición ni un día; contra los 18 años de los que fue víctima. No, Romero. El antiperonismo es un mal que muta a lo largo de la historia. Primero fue contra los indios, luego los gauchos, luego contra los soldados de la independencia y la guerras civiles, luego contra los peones rurales y finalmente contra los obreros. El antiperonismo es racismo. Lo que el académico Romero y una señora de la esquina de mi casa llaman una “cuestión de piel”

Estamos a la espera del debate con el presidente de nuestro instituto, doctor Mario “Pacho” O’Donnell, pero pareciera que le temen al más tolerante de todos los historiadores argentinos a quienes atacaron duramente llegando incluso a la descalificación personal. Salga del placard Luis Alberto Romero.